jueves, 14 de marzo de 2013

V DOMINGO DE CUARESMA, Ciclo C.

¿Que estará haciendo Jesús?



LA MISERIA HUMANA Y LA MISERICORDIA DIVINA SE ENCUENTRAN:

Lectura del Profeta Isaías 43, 16–2

(Extracto de la primera lectura)

”No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto
ríos en el yermo; me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza”.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 3, 8-14

(Extracto de la segunda lectura)

“Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio,
al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús”.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
–Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices ?.
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
–El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último.
Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó:
–Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
–Ninguno, Señor.
Jesús dijo:
–Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

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Una rosa para la mujer del Evangelio perdonada por Jesús y para tantas mujeres condenadas injustamente por los hombres.

 

Un día le presenta a Jesús a una mujer casada a quien han cogido por sorpresa manteniendo relaciones íntimas con otro hombre, distinto de su marido. Por su mal comportamiento la podían condenar a morir apedreada, según la Ley de Moisés. Y por eso le preguntan a Jesús: ¿Qué piensas, que opinas tu de esto? Y Jesús contestó: El que de vosotros esté sin pecado, que tire la primera piedra contra ella. Todos se callaron. Y se fueron marchando, poco a poco, hasta quedar solos la mujer y Jesús.

Jesús libró a la mujer de morir apedreada y además nos enseña que a nadie le es lícito matar a otro pensando que así arregla algo, que la muerte soluciona algo. ¡Qué maravilloso Jesús, que suspendió la pena de muerte contra esta mujer! En estos días un grupo de jóvenes han sido ejecutados por esas leyes injustas en Arabia Saudita y que mantienen la pena de muerte, cortar manos y brazos por robos y tanto atropello contra los derechos de la humanidad, las culpas de los agresores no deben corregirse de esta manera tan inhumana.

Por cierto, ¿no os habéis preguntado nunca dónde estaría el varón con el que pillaron a esta mujer teniendo relaciones íntimas?. O ¿dónde los hombres que en estos países violan, maltratan o matan a las mujeres y quedan impugnes pues sus crueles costumbres y tradiciones les hace pensar que la mujer no tiene ningún valor y que el hombre está por encima de la voluntad de cualquier mujer?

Ese trato distinto al hombre y a la mujer a Jesús no le gustaba nada, no lo compartía, lo denunciaba con toda claridad y sin tapujos. Ese machismo terrible que aún perdura en tantas culturas de nuestro mundo, donde el pecado solamente es de la mujer, y el hombre queda impugne ante sus abusos y desmanes que por el hecho de ser hombre puede incluso junto a sus propios hijos en coger piedras y apedrear a su mujer y los hijos a su propia madre. Como hemos visto en la televisión no hace tanto tiempo y en distintas películas lo denuncian con toda claridad de detalle.

Cuando cambiará la mentalidad de estos pueblos crueles e injustos, cuando responderán en nuestra sociedad cada uno por sus propios pecados, y no unas víctimas que espíen los pecados de los demás. El mundo necesita con urgencia un cambio radical. La ley por la ley que tantas veces denunció Jesús se ve como grave problema en algunas religiones fundamentalistas hoy en día. Estas religiones que se alejan de la bondad hacia las personas se convierten en inhumanas y crueles. Dios no puede aprobar ni bendecir tales atropellos.

Jesús tuvo enemigos que procuraban dejarle en ridículo y, siempre que podían, le ponían zancadillas, para poder condenarle, su pensamiento libre estorbaba a los fundamentalistas de turno. Estos enemigos siguen en nuestros días queriendo desprestigiar el Evangelio de Jesús y a la vez desprestigiar a aquellos que en nuestros días permanecen fieles a este Evangelio. Pero lo más cruel de la situación es que para querer desprestigiar tanto a Jesús como a sus seguidores no les importa que tengan que caer, en el tiempo de Jesús aquella pobre mujer sorprendida en pecado público, y en nuestros días tantos inocentes que viven agobiados por la marginación, el desprecio o el abandono por el hecho de ser seguidores de Jesús. En zonas musulmanes y de la India y Paquistaníes se han llegado a tapiar templos católicos y prender fuego los templos con los fieles dentro, esto ocurre en estos días, y esto es uno de los graves retos que tiene el nuevo Papa para intentar poner freno a estos desmanes.

Para aquellos que, si bien es cierto, han caído en pecado o en escándalo, -se habla mucho en estos días de los graves escándalos de la Iglesia- se quiere condenar con saña a los pecadores, cuando la actitud de Cristo es de amor al pecador y rechazo total del pecado, pero siempre, en toda circunstancia y así es todo su Evangelio un profundo amor al pobre pecador, por el cual Él ha dado su sangre, ha abrazado con profundo sentido de misericordia la Cruz de nuestros pecados para redimir, salvar, perdonar, atraer a Él.

Otra grave situación moderna es la fuerza de los medios y el mal hacer de muchos, que siembran la duda o acusas sin pruebas y aunque ciertamente si hay escándalos, muchos son acusados falsamente o por rencores o envidias, y estas personas aunque pasados los años puedan probar su inocencia ya han sido arruinados por la sociedad y han sido crucificados en su honor y su fama, sin el más mínimo derecho de presunción de inocencia, de esto hay cantidad de casos probados, pero ya irremisiblemente arruinados moralmente.

Al respecto de este Evangelio nos dice San Agustín:
 «“Ni yo tampoco te condenaré”. Esto dice aquel por quien, acaso, has temido ser condenada, por ser el único en quien no has encontrado culpa. ¿Qué es esto, Señor? ¿Fomentas los pecados? No, en verdad. Véase lo que sigue: “Vete, y no peques ya más”. Luego el Señor condenó, pero el pecado, no al pecador. Porque si hubiese sido fomentador del pecado, hubiese dicho: “Vete, y vive como quieras; está segura que yo te libraré; yo te libraré del castigo y del infierno, aun cuando peques mucho”. Pero no dijo esto. Fíjense los que desean la mansedumbre en el Señor, y teman la fuerza de la verdad, porque el Señor es dulce y recto a la vez (Sal 24,8)».
«El Señor es bueno, el Señor es lento a la cólera, el Señor es misericordioso, pero el Señor es justo y el Señor es la misma verdad (Sal 85,15). Él te concede un tiempo para corregirte mientras que tú prefieres aprovecharte de esta demora en lugar de convertirte. Fuiste malo ayer, sé bueno hoy. ¡Has pasado el día haciendo el mal, mañana cambia de conducta! Éste es el sentido de las palabras que Jesús dirige a esta mujer: “Yo tampoco te condenaré, pero, libre del pasado, ten cuidado en el futuro. Yo tampoco te condenaré, he borrado tu culpa. ¡Observa lo que mando para recibir lo que prometo!”».

Yo no te condeno, vete en paz.

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